Restauración de vidrieras emplomadas
Ambas vidrieras antiguas tenían cristales rotos y cañuelas (plomos) deterioradas. Como suele ser el caso con las vidrieras de mas de 50 años, la masilla se había secado: tras pasar décadas, pierde su capacidad de mantener la vidriera rígida con la consecuencia que los cristales empiezan a moverse. Con este movimiento las soldaduras empiezan a romperse por fatiga del metal y, en el último paso, los cristales se rompen y se caen. La masilla, compuesta de Blanco de España (tiza en polvo), aceite de linaza y un pigmento negro, es fundamental para dar rigidez y impermeabilidad a una vidriera emplomada. Esta masilla se aplica al final de la construcción, después de ensamblar y soldar las cañuelas, y queda encapsulada entre los plomos y el cristal. Aunque el cristal tiene una vida eterna (en teoria) y las cañuelas pueden durar un siglo antes que se tengar que renovar, la masilla suele ser el ‘talón de Aquiles’ de una vidriera.